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Historia

Introducción: Geología, clima, flora, vegetación y fauna de la Comarca de Oropesa.

El Torrico se sitúa al norte del río Tajo, en el lado oeste de la provincia de Toledo, en la subcomarca de los Riveros incluida en la comarca del Arañuelo. Limita al norte con Caleruela, Herreruela, Lagartera y Oropesa; al este con Oropesa y Alcolea del Tajo; al sur con el río Tajo y al oeste con Valdeverdeja.

El término mide 33,3 kilómetros cuadrados y 3.331 hectáreas. El terreno torriqueño suele ser por lo general llano, con cerros y ondulaciones, y donde aflora un suelo granítico. Un suelo cubierto de valles, lomas, arroyos, sendas, veredas y caminos. El cerro más grande de El Torrico es el Temeroso con 443 metros.

Hay distintos topónimos referidos a la morfología como son: Los Llanillos, Valdepalacios, Castuero, arroyo Lancharejo, arroyo de la Pradera, Tarrarra, etc. Aparte del río Tajo, hay varias corrientes importantes que discurren por numerosos arroyos: el de la Huerta, el de Venero del Azoque, el del Pilón, el de la Ballesta, el de Juan Merín o Juan Parra, etc.

En El torrico se goza de un clima templado en el invierno, mucho más que en los pueblos limítrofes, algo que causa sus estragos en verano donde aprieta más el sol. Esto consiste en que el pueblo se haya dentro de una cuenca que forman los pequeños cerros que le rodean, por lo que el aire al romper en ellos pierde su frialdad y llega templado, puro y benigno a la población.

La mitad del pueblo está poblado de encinas, olivos y árboles frutales, como son perales, higueras, ciruelos, etc. Importantes por ser de una gran extensión son las tierras alijariegas, que son del común. La bellota de los montes sirvió en otras épocas para alimentar el ganado de cerda, aplicando el terreno para la siembra de toda clase de cereales y legumbres. También para la siembra de sandías, melones y calabazas. En los huertos abundan las brevas, higos, peras, ciruelas, tomates, pimientos, judías, patatas, cebollas, etc. Se conservan algunas viñas que producían buenas uvas pero que el paso de los años ha ido borrando del suelo torriqueño. En la vegetación también se goza de flores naturales como el tomillo, retama, otros arbustos y plantas olorosas.

Se cría en este pueblo toda clase de ganado doméstico mayor y menor, así como mular, caballar, asnal, vacuno, ovino, caprino, porcino, aviar, etc. También se encuentran en el término liebres, conejos, perdices, zorros, jabalíes, etc. Toda esta clase de fauna produce la mitad de la riqueza a la población pues hay que tener en cuenta que es un pueblo agricultor y ganadero especialmente.

RESEÑA HISTÓRICA DE EL TORRICO

Es probable que los primeros habitantes de El Torrico fueran los Vetones, un pueblo celta que pobló el Campo del Arañuelo hace unos dos mil años. Este pueblo celta tallaba figuras con forma de verraco que eran utilizadas como señales para marcar los caminos y los territorios ocupados. El ejemplo más característico es el Verraco de Valdepalacios. De la época megalítica se conservan dos cuevas inéditas en la provincia por la decoración que presentan sus paredes (formas de puños tallados en la roca); una decoración que las han dado el nombre de “cueva de los puñetazos”. Este pueblo contó con una población hispano-romana que se situó en el lugar que llaman “El Pilón”, por ser un abrevadero de fábrica romana el que preside dicho lugar. Entorno a este Pilón se situaría la población, pues han aparecido varios restos de cerámica, cimientos de casas e incluso de tejados. Desde este lugar partiría un camino secundario romano que cruzaría por el pueblo actual enlazando con la calzada romana que partía de Augustóbriga, pasaba por El Torrico, llegaba hasta Caesaróbriga (Talavera de la Reina), y finalizaba en Toletum (Toledo). Después de los romanos, los visigodos invadieron la zona, aunque no será hasta época musulmana cuando volvamos a tener noticias de El Torrico. En esta época se levantaría una atalaya, dando origen al actual pueblo e incluso al nombre, Al-Torrico (torre pequeña).

En el S.XII este pueblo se convierte en Señorío de manos de su primer señor el Obispo de Ávila, Sancho Blázquez Dávila, el cual levanta la fortaleza torriqueña, comenzando así largos años de repoblación abulense. El 23 de marzo de 1447, doña María de Toledo y Quiñones vende El Torrico al conde de Oropesa Ferrand Álvarez de Toledo por un millón y cincuenta mil maravedíes, convirtiéndose desde entonces en Villa “en si y sobre si”; por esta compra se incorpora El Torrico al señorío de Oropesa, entrando a formar parte de su mayorazgo el 13 de agosto de 1457. Si algo hay que destacar de este pueblo, son sus arraigadas costumbres y tradiciones.

Aún se conserva la Fiesta de los Quintos, que transcurre durante todo el año en fechas tan importantes como Nochevieja, donde se quema el chozo; en Carnaval donde los quintos matan los gallos y celebran la popular cena de huevos y chorizos, donde solo están invitados hombres; y en las fiestas patronales de San Gil donde se vuelve a quemar otro chozo. Otra fiesta importante es la de San Antón, que se estaba perdiendo y que este año ha tomado mucha fuerza; en esta fiesta es típico correr por las calles portando cencerros de ovejas y vacas atados a la cintura, y brindar al santo la “moraga” (las viandas más buenas de la matanza). Carnaval es muy festejado en El Torrico, pues se realiza la popular “carrera de sargentos”. Este acto es protagonizado por la escuadra de Ánimas que está formada por los sargentos, las sargentas, los oficiales, el tamborilero, el abanderado y la capitana. Sus orígenes se remontan a la época musulmana, produciéndose su cristianización en el siglo XV. El acto transcurre en la plaza del pueblo, donde en un lado se coloca toda la escuadra y en el otro las autoridades civiles y eclesiásticas. Las sargentas que portan el traje típico de “franjas” son escoltadas por los sargentos y sus alabardas hasta donde están las autoridades. Los últimos en trasladarse son el abanderado y la capitana por ser las figuras más importantes, una vez que llegan junto a su escuadra, el tambor cambia de ritmo y los sargentos comienzan a correr guiados por un oficial; tras varias carreras movidas por señas estratégicas, los sargentos muestran su valentía y lozanía. A continuación la bandera rinde honor a la escuadra y el acto termina con la venta de los dulces típicos (floretas, suspiros y roscas) que son bajados a la plaza en barreños de barro sobre la cabeza de los sargentos. Este acto se realiza el domingo de carnaval (mañana y tarde), y se repite el lunes y martes por la tarde. En mayo se rinde culto a la primavera a través de la “fiesta de los mayos” (muñecos realizados con palos, paja, pucheros, etc...). Cada barrio presenta una pareja de mayos inventando una historia sobre esa pareja, la cual hace reír a todos aquellos que los visitan. El 26 de julio se celebra la romería en honor a nuestra patrona Santa Ana y el 1 de septiembre tiene lugar la feria y fiestas por San Gil Abad, patrón de El Torrico. Otra fiesta de interés es “la fiesta de la juventud” que se realiza el primer fin de semana de julio en la plaza de toros del pueblo.

 

Lugares de Interés.

La iglesia parroquial del S.XII; el Rollo-Picota del S.XIV; Casa Palacio (S.XV); Calvario de piedra berroqueña; Casa-Museo Etnológico (S.XVII); Lagar (S.XVIII); Pilones y Fuentes; Las Aceñas del Conde (situadas en el río Tajo); el paraje de Tarrarra con su embalse; los distintos molinos del arroyo Pilón; y las Fuentes romanas de Malavado.

+Info. Lugares de Interés.

 JUAN FERNÁNDEZ DE CEPEDA. TORRIQUEÑO Y BALLESTERO DEL REY FELIPE IV. La figura de este personaje es prácticamente desconocida tanto en el propio municipio de El Torrico, como en la comarca de la Campana de Oropesa. La inexistencia de documentación en el archivo parroquial, quemado en la guerra civil, y la del archivo municipal, quemado en la Guerra de la Independencia, hace que en muchas ocasiones desconozcamos los personajes ilustres que vio nacer esta vieja villa. A este gran problema hay que sumar que la mayoría de hombres y mujeres que salieron de esta tierra se identificaban por el nombre del territorio al que pertenecían, en este caso el Condado de Oropesa. Esto hizo que la villa de Oropesa se convirtiera en el referente de personajes salidos de Lagartera, Calzada, Herreruela, El Torrico, etc., y por esta razón es muy difícil, en algunas ocasiones, demostrar el origen de los mismos. Este puede ser el caso del beato Alonso de Orozco, del que se discute su lugar de origen entre Oropesa y El Torrico. Felipe IV tuvo a su servicio a dos conocidos ballesteros: Juan Mateos y Alonso Martínez de Espinar. Otro de sus ballesteros, no tan conocido, fue el toledano Juan Fernández de Cepeda; nacido en la localidad de El Torrico, donde residió junto a sus padres, Gabriel Fernández y Polonia Sanz, hasta que inició su carrera cortesana. En 1630 ya se encontraba en Madrid con el cargo de “ayuda del que da el arcabuz a Su Majestad”. El 10 de octubre de 1640 el conde duque de Olivares, valido y caballerizo mayor del monarca, recibió un memorial de Juan Fernández de Cepeda en el que solicitaba la concesión de diversos gajes en relación a los méritos obtenidos al servicio real. Los buenos oficios del conde de Grajal dieron los resultados que Juan Fernández de Cepeda pretendía y de esta forma el 21 de diciembre de 1641 el conde duque de Olivares le comunicaba: “que Su Majestad le ha hecho merced de la plaza de ballestero que vaco por frances de la sala, con retencion y obligacion de servir la de aiuda de dar el arcabuz”. El día 15 de febrero de 1642, Juan Fernández de Cepeda juraba su cargo de ballestero de Felipe IV ante el conde duque de Olivares. En 1644 muere la reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, por lo que el monarca decide volver a contraer matrimonio, pues el hijo y heredero que había concebido junto a su primera esposa, Baltasar Carlos, fallece a una edad temprana, dejando el trono huérfano. Curiosamente su segunda esposa será su sobrina Mariana de Austria, hija de su hermana María y el emperador Fernando III. Esta joven de 14 años, que fue la prometida del príncipe Baltasar Carlos, se casará con Felipe IV, de 44 años, y tendrán siete hijos, de los cuales el príncipe Carlos se convertirá en el heredero y reinará como Carlos II. Ante estos acontecimientos, el rey nombró a Juan Fernández de Cepeda para el cargo de dar el arcabuz a la reina: “El señor don Luys de Haro en papel de 20 del corriente dize su Excª. que Su Majestad (Dios le guarde) ha hecho merced a Juan de Cepeda, su vallestero, de que de el arcabuz a la reyna nuestra señora, en cuya conformidad lo anotara vuestra merced en los libros de la veeduría para que aya en ellos la noticia que conviene. Guarde Dios a vuestra merced muchos años. Madrid 26 de mayo de 1652”. El día 1 de junio de 1670 Juan Fernández de Cepeda otorgaba en Madrid su testamento ante el escribano real Francisco García de Roa. En dicho testamento se reflejaba que era ballestero del rey y que daba el arcabuz a la reina, así como que era hijo legítimo de Gabriel Fernández y Polonia Sanz “vecinos que fueron de la villa de El Torrico, y que santa gloria ayan”.

Rubén Rufo Ávila.